Hace una semana, en nuestro blog , en colaboración con Guillermo, hablábamos con una primera entrega sobre cómo la aparición de la COVID-19 comparte aspectos comparables a la crisis del VIH/sida.

En esta segunda entrega, continuamos con las similitudes y nos extendemos en uno de las puntos más característicos de la COVID-19 y el VIH:

VIRUS TRANSMISIBLE SIN SÍNTOMAS CLAROS: OBSESIÓN O DESAFECCIÓN

Tanto el coronavirus como el VIH son virus que en muchas ocasiones no presentan síntomas, con la complejidad que se transmiten y la única manera de detectarlo es mediante una prueba. Si hemos tenido prácticas de riesgo para la infección, la única manera de saber nuestro estatus es mediante la prueba. Si las prácticas de riesgo son recurrentes, se producen cada cierto tiempo, entonces vamos a tener un estatus desconocido, aun cuando nos hayamos hecho la prueba recientemente. Además, está el periodo ventana: que la infección sea reciente y la prueba no lo detecte. ¡Vaya rollo!

Abordar esta complejidad no es fácil, y se puede caer en dos riesgos que fragilizan la salud: la obsesión o la desafección, dos extremos que revelan una respuesta engañosa ante el reto que nos supone vivir con todo esto. 

OBSESIÓN

Estamos en un contexto ante el cual hay peligro de obsesión y una fuerte autorrestricción en torno a los síntomas y hábitos de la realidad de la infección (o a su imaginario): culpabilidad ante una práctica de riesgo; paranoia; búsqueda insistente de “señales” que delaten tener el virus; evitación total de contactos aun cuando impliquen un riesgo bajo o nulo; ansiedad si se presenta algún indicio de estar enfermo – en ocasiones, provocado por la percepción ansiosa-; estigmatización/violencia hacia aquellos perfiles que ostentan en el discurso social la encarnación del virus (“los irresponsables”); pensamientos recurrentes sobre si “lo he cogido” y “dónde” o “con quién”; desgaste y agotamiento; falta de placer. Todo esto lleva incluso a enfermar, configurando el cuerpo como delator de la ansiedad social. No sólo se transmiten los virus, sino también las ansiedades. 

DESAFECCIÓN

En otro orden, otro de los peligros es el de un efecto de desapego: “como no tengo síntomas, ya me preocuparé si me pongo enfermo”, “no me preocupo si me relaciono con personas que parecen sanas”. Esto es engañoso y evita afrontar la realidad, con el consiguiente riesgo de un deterioro en la salud (propia y pública). Esto podría ser una estrategia para evadir responsabilidad ante una pandemia que se nos revela costosa, una manera de descargarnos de aquello que traducimos como una carga inasumible (“esto es intratable, inaguantable, así que paso porque hay que vivir”).

Los agentes especializados en VIH y otras ITG estamos acostumbrados a trabajar con los usuarios la manera de afrontar reacciones no del todo bien articuladas en torno a nuestra salud y sexualidad, a fin de conseguir respuestas que vengan del propio usuario y que logren un equilibrio entre los requerimientos de su contexto y sus necesidades personales para una salud integral (lo que incluye la salud sexual y la psicológica, no sólo evitar virus). Y es que también vemos cómo las respuestas desarticuladas en torno al VIH rondan entre la obsesión y la desafección. Así, en Apoyo Positivo podemos ayudar a los usuarios para que aborden su sexualidad y los retos del VIH (¡y de la COVID-19!) evitando ambos extremos.

SALUD MENTAL

Es importante transmitir que la prevención de la COVID19 no debe de dañar (en la medida de lo posible) nuestra salud mental, previniendo sobre obsesiones, culpabilizaciones, autocastigos, etc. La salud mental es salud, y requiere estrategias para prevenir su deterioro, de manera análoga a usar un condón para protegernos del VIH o la mascarilla para el coronavirus.

También trabajamos junto al usuario percepciones construidas sobre una falsa seguridad, la que pivota sobre el concepto de “personas de confianza”, sobre las cuales por su cercanía y/o estilo de vida depositamos una mágica complicidad mediante la cual no es posible, pensamos, que medie transmisibilidad de infección alguna.

En todo esto tratamos de desvelar posturas engañosas (parecer sano no es lo mismo que estar sano; los virus no entienden esto de “personas de confianza”), de fomentar la responsabilidad, de potenciar al máximo la reducción de riesgos, de hacer comprender que podemos mantener placer/vínculos sin necesidad de forzar demasiado nuestra vulnerabilidad (y la de nuestras parejas). 

En resumen, el VIH nos enseñó que ante una infección transmisible y con un imaginario atroz fundamentado en cuestiones muy complejas de la misma experiencia humana (muerte, culpabilidad, estigmatización, estilos de vida, disidencias normativas, afectividad) es bien factible generar respuestas de peligrosa desafección o bien de asfixiante obsesión. La COVID-19 viene para seguir este legado.

Aprendamos del legado del VIH, tan transversal, y de los recursos que sigue ofreciendo su asociacionismo, para conseguir una respuesta más equilibrada, más honesta, más saludable, más atenta a nuestras necesidades de una manera integral (en lo que se pueda, que no hay solución perfecta…). 

Los agentes de VIH y salud sexual  tenemos experiencia previa a la hora de abordar los efectos más íntimos del eco de una pandemia (dilemas, culpabilidad, ansiedad, desapego desestructurado, tensiones, frustraciones sexuales, desorientación afectivosexual…).

Dado que la COVID-19 ya está haciendo mella más allá de lo clínico, y que infecta con su transversalidad también el tejido vincular sexual, en Apoyo Positivo te ofrecemos asesoramiento para ver desde una perspectiva personalizada cómo abordar tu sexualidad frente a la crisis de la COVID-19, sin juzgar, con la comprensión de que son tiempos complicados y todos estamos buscando alguna interacción o diálogo que nos alumbre.

La luz, como siempre, anida en  la respuesta comunitaria, así que estamos contigo para hacer esto algo menos duro.

Si estás interesade en nuestro servicio de asesoramiento y terapia sexual, contacta con nosotres para valorar una primera entrevista o sesión informativa:

✉️ educacion@apoyopositivo.org

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