En anteriores entradas en este blog hemos hablado del programa de Sexo, drogas y Tú, que llevamos ejecutando en nuestra entidad desde 2016. Y también os hemos hablado de un estudio descriptivo que ha aportado mucha información para conocer más acerca de este no tan nuevo fenómeno del chemsex.

Esta semana contamos con los testimonios de A.J. y G.A., dos chicos de Madrid que han llegado a tener una relación problemática con el chemsex, y por ello se pusieron en contacto con nosotros.

Son vivencias personales e independientes que han querido compartir con vosotros para dar su visión en primera persona de su relación con el chemsex.

Acceso, persistencia en el consumo y repercusión personal

La primera vez que probé un chemsex fue hace cuatro años y, como muchos de los descubrimientos de la humanidad, por error. Había quedado a través de una app de contactos con un único chico en su casa, y cuando crucé la puerta de la vivienda encontré algo totalmente impactante para mí: unos siete chicos en un gran salón, todos ellos en calzoncillos, escuchando música y disfrutando de lo que parecía música y buen rollo…

Aquel episodio generó en mí una huella. Siempre recordaré ese día como el mayor estado de euforia jamás conocido antes. Dicen que el adicto siempre intenta alcanzar el estado de bienestar que le produjo el primer chute y en ese intento de búsqueda se acaba perdiendo. Supongo que así es.

En mi caso mi cerebro utiliza todo el tiempo libre ocioso en una única cosa: buscar la siguiente sesión. ¿Deja esto sitio a la vida social? NO. La vida social va muriendo poco a poco y esto, de nuevo, es un círculo vicioso porque te deja sin las mejores armas para superar la adicción: las personas.

Imagino que todos hemos empezado un poco por curiosidad, sin saber muy bien qué nos íbamos a encontrar ni si nos iba a gustar o no. Y, casi sin darte cuenta, lo que empieza siendo algo esporádico y acotado (en mi caso, por ejemplo, una vez al mes, sólo esnifado, sesiones de 3-4 horas y con una sola persona), poco a poco se va convirtiendo en más frecuencia, más duración, más formas de consumo y más personas (una vez por semana, slam, sesiones de 24 horas y con medio Madrid).

Yo siempre me lo he pasado genial en las sesiones. Por suerte o por desgracia, no he tenido nunca malas experiencias (más allá de anécdotas), y sexualmente me lo he pasado como nunca antes en mi vida. En mi caso concreto, tampoco he tenido problemas de erección derivados del consumo, por lo que todo eran ventajas. Las drogas te desinhiben y te hacen ser un Superman.

Pero las desventajas son mayores que las ventajas. No sólo es el riesgo de contraer una ITS, sino también el dinero gastado, el tiempo empleado, las ausencias en el trabajo (excepcionales al principio, más frecuentes según pasa el tiempo), la pérdida paulatina de contacto con los amigos y los familiares (por estar siempre o de lío o ya pensando en la siguiente sesión), el dejar de lado hobbies y aficiones, etc, etc. Y también son cosas aparentemente más tontas, como no poder llevar manga corta en verano (en el caso de hacer slam), por ejemplo, pero que cuando te paras a pensarlas es cuando dices: ¿¡pero qué coño estoy haciendo!?

¿En qué momento te diste cuenta que necesitabas ayuda?

En el momento en el que iba a sesiones cuando no quería ir. Es raro de explicar y mucho más de comprender. Cuando te levantas un domingo por la mañana y sabes que vas a ir a una sesión y aunque no quieres ir, empiezas a buscarla y cuando acabas encontrándola solo deseas que llegue el momento en el que ya estés colocado para poder olvidar el asco que tenías esa mañana al pensar en una sesión.

Antes de comenzar en el programa con Apoyo Positivo, estaba metido en una rutina continua de consumo, sesiones interminables, sexo no protegido, ausencias en el trabajo, pérdida de contacto con los amigos, etc. Y, a pesar de ello, continuaba en la rueda porque siempre he dicho que yo en las sesiones me lo he pasado genial y, las cosas como son, he disfrutado del sexo como nunca antes. Es complicado dejar algo que te gusta, por mucho que sepas que a largo plazo (e, incluso, a corto) te va a causar problemas.

Hacía tiempo que yo quería parar, reducir consumo o dejarlo totalmente, y veía que solo no iba a ser capaz. Tras mucho pensarlo y vencer la vergüenza y el miedo iniciales (y después de muchas ésta ha sido la última vez en saco roto…), me decidí a mandar un e-mail preguntando por las distintas opciones y, en definitiva, pidiendo ayuda. Inmediatamente recibí un correo de respuesta invitándome a tener una primera cita con ellos y ver qué tal.

Programa Sexo, Drogas y Tú

El hecho de hablar con Apoyo Positivo me ha servido, en primer lugar, para verbalizar las cosas. Cuando te paras a pensar en lo que estás haciendo y te oyes decirlo en voz alta, eres más consciente de la situación. Además, el hecho de que al principio las citas sean semanales te obliga a hacer un seguimiento de cómo han ido los últimos siete días (qué has hecho, si has ido a una sesión, cuánto tiempo, cuánta gente, qué sustancias, cuánto dinero), por qué lo has hecho (cómo te has sentido durante la sesión, cómo te has sentido después, qué te ha llevado a abrir las aplicaciones y ponerte a buscar sesiones), así como a hablar de cómo afrontar la siguiente semana.

Lo más importante, además, es la gran empatía con la que el personal de Apoyo Positivo me ha tratado siempre. Ha sido siempre un acompañamiento personalizado, cercano, cariñoso y sin juicios de valor. Y esto último es importantísimo: no me he sentido nunca juzgado, independientemente de lo mucho o poco que la hubiera liado desde la última vez…

Los primeros meses han sido muy complicados, porque seguía consumiendo y yendo a sesiones casi con la misma frecuencia que antes, a lo que además se le añadía la presión de tener luego que dar explicaciones en las citas con Apoyo Positivo… Con el tiempo, las sesiones se fueron espaciando y hoy llevo siete meses sin consumos ni conductas sexuales de riesgo.

Está siendo un camino muy complicado, no nos vamos a engañar, y son muchos factores los que han ayudado a recorrerlo, pero estoy convencido de que si no hubiera empezado a ver al equipo de Apoyo Positivo, no habría sido capaz de salir de la rueda y hoy estaría mucho peor que hace un año.

Vencer el miedo y la vergüenza y ponerme en contacto con vosotros ha sido la mejor decisión que he podido tomar nunca. Para mí, por ejemplo, fueron momentos muy duros cuando desde terapia se me recomendó también que viera a la psiquiatra y cuando esta me dijo que veía también indicios de depresión, porque eran temas que tenía estigmatizados.

Sé que esto no podría haberlo hecho sin vuestra ayuda y vuestro cariño, sin vuestros ánimos cuando he seguido liándola, ni sin vuestras palabras duras cuando habéis tenido que decirlas.

Si alguien que esté replanteándose su relación con las drogas y el sexo lee esto, le diría que sé que es un camino muy duro y que todo esto es complicadísimo, pero que se anime y lo intente. Va a tener que renunciar a cosas con las que disfruta y lo pasa bien, claro, pero al final compensa sentir que recuperas poco a poco el control sobre tu vida.

Por mucho tiempo que haya pasado desde el último consumo (en mi caso, como he dicho, siete meses… ¿siete meses es poco tiempo de abstinencia?, ¿es mucho?), creo que el miedo a una recaída va a estar siempre presente y que voy a tener que aprender a vivir con ello.

Para finalizar, han querido compartir algunas ideas y recursos que han utilizado y que les han servido de utilidad durante estos siete meses de abstinencia:

  • Borrar aplicaciones.
  • Instalar control parental en el móvil, para evitar reinstalarlas.
  • Deshacerme de móviles viejos, para evitar resucitarlos e instalarlas.
  • Borrar contactos.
  • Alejarme de redes sociales para evitar conversaciones con esos contactos. Para ello, le di mis claves de Facebook a un amigo; así, por ejemplo, yo sólo he accedido a mi propio perfil el día de mi cumpleaños para responder mensajes de felicitación.
  • Contarle tu situación a alguien de confianza. Hay que elegir bien quién o quiénes son ese alguien, porque significa abrir la caja de los truenos… y expones a esa persona a una situación muy complicada, la amistad se puede resentir, puede haber malos rollos, malos entendidos…
  • Buscar actividades, a ser posible con horarios fijos. Teatro, cine, deporte, baile, lo que sea que te tenga entretenido. Si además esa actividad implica unas cañas después, mejor.
  • Asumir que vas a perder intimidad. No enfadarte si tus amigos te preguntan dónde estás o qué estás haciendo. No enfadarte si tus amigos no te creen siempre, porque les has mentido ya muchas veces.
  • En mi caso, asumir que el sexo va a ser peor (o, cuanto menos, diferente).
  • Me ayudó mucho también empezar con la PrEP. No sólo por el hecho de reducir la posibilidad de transmisión asociada al chemsex, sino por algo tan tonto como obligarme a estar treinta días sin conductas de riesgo para poder hacerme análisis antes de empezar a tomar el tratamiento. Acostumbrado a estar 24 horas de lío cada siete días… ¡estar treinta días tranquilo es todo un reto!
  • PEDIR AYUDA PROFESIONAL. Cuando has borrado y reinstalado las aplicaciones cincuenta veces, cuando ya no sabes cuántas veces te has prometido a ti mismo que esta es la última vez, cuando ya te da vergüenza volver a llamar al trabajo para decir que tienes un resfriado… hay que ser valiente y aceptar que uno solo no puede salir del agujero.

Desde Apoyo Positivo queremos agradecer a estas dos personas que hayan compartido sus vivencias y su paso por el programa.

El equipo de Apoyo Positivo sigue creciendo con este programa. En los últimos meses hemos iniciado grupos semanales de autoapoyo para personas que practican chemsex, y en futuras entradas contaremos con la visión de los participantes y terapeutas para que conozcáis en detalle esta actividad.

Si quieres más información, no lo dudes. contacta con nosotros.