SEXO: ¿LO TIENES, LO HACES O LO ERES?

Lo llaman SEXO, porque hablar de la urgencia de una adecuada educación sexual, y lenguaje inclusivo, para que no nos vulneren y maten, queda demasiado largo.

Somos una sociedad que evoluciona a pesar de los marcos patriarcales y las tradiciones discriminatorias, ancladas en valores religiosos, fantasías y fascismos, que se alejan de la simple observación de lo que supone el ser humano, y de los hechos objetivos. Esta evolución afecta, y mejora, diferentes aspectos de nuestra vida, algo un poco implícito en la palabra.

Y, entre ellos, está el uso del lenguaje, esencial para comunicarnos, vivir y ser.

Como supondréis, no somos un recurso ajeno al uso del lenguaje inclusivo; más bien al contrario.

Nuestra experiencia todos estos años nos ha acercado a la innovación de la diversidad y al descubrimiento, y reconocimiento, de todas esas aristas que no estaban nombradas, no se sabían, no se escribían ni se leían. Mientras observamos cómo asumimos numerosos términos extranjeros, anglicismos, vocabulario tecnológico, etc., hay, sin embargo, una evolución natural del lenguaje del reconocimiento, del ser humano, que se queda anclada, y que revuelve, y desata, esos marcos, por miedo a algún tipo de pérdida de poder, o de protagonismo, en un lenguaje NO inclusivo, es decir, discriminatorio.

Como esas normativas previas que nos hacían sociedad.
Como esas tradiciones que no incluían a todes.

Por esta razón, nos embarcamos en este 2021 en un proyecto online junto a vosotres, descubriendo las razones, o las no razones, para modificar términos en nuestro lenguaje con un objetivo: conseguir una sociedad más equitativa e igualitaria que, a través de su lenguaje, ayude, acoja, cuide y no vulnere a lo que somos como personas.

Y es que todo, empieza «lanzando» una palabra, un simple «hola».

“Tirar una piedra en un estanque que está sereno, produce una serie de ondas en la superficie que, sin duda, van a ir afectando lo que se encuentren por donde pasen”.

Esta metáfora de Giani Rodari explica en un lenguaje poético las reacciones de la mente humana ante una sola palabra. Cada palabra provoca en nuestra mente «ondas de superficie y de profundidad, provocando una serie infinita de reacciones en cadena, involucrando en su caída sonidos e imágenes, analogías y recuerdos, significados y sueños, en un movimiento que afecta a la experiencia y a la memoria, a la fantasía y al inconsciente, y que se complica por el hecho que la misma mente no asiste impasible a la representación.»

Si esto puede suceder en nuestra mente con una sola palabra, qué efecto no tendrá el uso del lenguaje día tras día en nuestra manera de percibirnos, vivirnos, nuestras emociones, nuestras actitudes y nuestra manera de entender el mundo. Por eso, el cuidado del lenguaje y la comprensión de cómo puede influir en nuestras vidas se convierte en algo importante. De ahí que, desde Apoyo Positivo, nos propongamos, y os propongamos, analizar cómo hablamos y modificar aquello que pensemos que nos puede “maleducar” o generar malestar y que nos impide que tengamos una sociedad más inclusiva.

En el ámbito de la SEXUALIDAD, por ejemplo, tenemos mucho que cambiar. 

La palabra SEXO la utilizamos como una palabra polisémica: si somos hombres o mujeres, como sinónimo de relaciones eróticas (concretamente relaciones con penetración: “tuvo sexo”), sustituyendo el nombre de los genitales (“tocó su sexo”).

Pero, hagamos un ejercicio. Os proponemos que penséis en estos conceptos: educación, salud, derechos, orientación, identidad, acoso, diferencias, relación, vida.

Seguro que tenéis claro, más o menos, a qué nos referimos con cada palabra. Y…, ¿si le ponemos a continuación el siguiente adjetivo? SEXUAL. ¿Ha cambiado el significado? Y entre ellas, qué de ideas o conceptos distintos, ¿verdad?

Y es que esto de llamarle a distintas cosas por el mismo nombre nos puede llevar muchas veces a confundir. Y más cuando estamos hablando de sexualidad, que continúa siendo un tema tabú, esa cosa de la que se habla pero a base de eufemismos o metáforas para nombrar lo innombrable.

 

Un término que utilizamos en Apoyo Positivo y que suele resultar bastante polémico es “infecciones de transmisión genital” en lugar del más habitual “infecciones de transmisión sexual”. ¿Qué nos lleva a proponer ese cambio? Precisamente ese adjetivo tan manido del que veníamos hablando, lo sexual.

La educación sexual tradicional, se ha basado en la educación al miedo a las consecuencias de una sexualidad no protegida. Sabemos que el miedo, en este caso, no ha logrado que cambiemos nuestros comportamientos respecto a nuestra erótica, es más, el desconocimiento y el miedo a preguntar nos ha llevado a exponernos más. Cuando además asociamos estas consecuencias a lo sexual y, por ende, a la sexualidad, estamos dejando entrever que la sexualidad es algo peligroso. Y nada más lejos de la realidad. La sexualidad es la forma en que nos vivimos y sentimos en cuanto al hecho de ser sexuados. Estas emociones o vivencias no conllevan de por sí ningún “peligro” ni ninguna transmisión de infecciones. Por sexualidad podemos entender un deseo, una fantasía, una caricia, un beso, el roce de dos manos, el placer… Ninguna de estas cosas transmiten nada y son sexuales también. 

Por eso, consideramos importante eliminar de este término “lo sexual” porque ese vínculo eterno nos lleva inevitablemente a pensar que mi sexualidad conlleva infecciones y transmisión.

Existen contra-argumentos, por supuesto, que pueden que estés pensando en este momento. “No todas las infecciones tienen que ver con lo genital”. Es verdad. Aunque, también tenemos que decir que no son muchos los casos, podemos pensar, por ejemplo en la hepatitis A. Esta infección es de transmisión oro-fecal, es decir, se podría transmitir con prácticas como el beso negro (boca-ano), y el ano, o el recto, no los consideramos genitales.

Sin embargo, desde nuestro punto de vista, la propuesta “infecciones de transmisión genital” aunque tal vez no sea acertada al 100%, nos acerca más a la realidad. Para que se de la transmisión de infecciones, generalmente, tiene que intervenir algún genital. 

Juguemos entonces a eliminar, al menos temporalmente, lo sexual de nuestro vocabulario: podemos hablar de orientación del deseo, de identidad de género, relaciones eróticas, etc.

Otro concepto que no nos termina de convencer es el de la disfunción sexual, muy utilizado en entornos terapéuticos pero también bastante extendido entre la población general. Un término que nos gusta utilizar desde Apoyo Positivo es «dificultades en la sexualidad«. ¿Por qué? El paso de “sexual” a “sexualidad” ya lo hemos venido explicando, así que empecemos por ahí que es más fácil. Como decíamos anteriormente, la sexualidad tiene que ver con cómo nos sentimos y vivimos como seres sexuados. Siguiendo con el juego de eliminar el adjetivo sexual por excesivamente manido, creemos más apropiado hacer referencia a la sexualidad precisamente porque cuando hablamos de este tipo de situaciones (deseo inhibido, pérdida de erecciones, anorgasmias, etc…), un componente esencial es cómo nos sentimos respecto a ellas. No todas las personas tienen las mismas vivencias respecto a su respuesta sexual, por tanto, no siempre tienen por qué causar malestar.

 

¿Y por qué cambiar disfunción por dificultad?. Hablar de dis-función implicar decir que hay una función de la sexualidad que, por X motivos, no está “funcionando como debería”. Pero… ¿Cuál es la función de la sexualidad? ¿Qué tiene que pasar para poder afirmar que hemos funcionado? Si os fijáis en las disfunciones de las que se suele hablar están enfocadas a un modelo de la sexualidad muy genitalizado y centrado en las relaciones coitales (con penetración). Querer tener una buena erección y que dure lo apropiado, tener deseo “adecuado” (generalmente lo entendemos como deseo de penetración) y un largo etcétera que nos lleva a pensar que mi sexualidad funcionará si consigo que mis genitales respondan lo suficientemente bien como para poner tener una penetración y un orgasmo que, además, cumplan con los “cánones” de cómo deben ser esa penetración y orgasmo (en tiempo, en intensidad, en manera de alcanzarlo…)

Aunque la sexualidad se caracteriza por la infinidad de posibles maneras de vivirse, y por tanto, por la diversidad de finalidades u objetivos que tendremos cada persona, desde el ámbito de la sexología se habla de 3 objetivos principales:  reproducción, comunicación y placer.

En todos estos objetivos podemos hablar también de propuestas de un lenguaje más inclusivo y menos cargado de estigmas, moralinas o creencias erróneas. Por ejemplo, en cuanto a la reproducción, seguramente habréis oído o leído en algún momento la frase “embarazo no deseado” cuando se habla de un embarazo que no se buscaba. Proponemos el cambio a “embarazo no planificado”, con lo que descargamos de carga moral a una situación, en la que no por no haber sido buscado, no pueda ser deseado. O no por desearlo, puede ser el momento idóneo para esa persona para maternar (paternar). ¿Veis por dónde vamos? 

En este mismo objetivo de la reproducción, un ejemplo clarísimo de lo violento del lenguaje “tradicional” es cuando hablamos de “aparato reproductor femenino o masculino”. Si ya conocemos de sobra que no todas las personas con útero, vagina, vulva son mujeres, ni las que tienen pene y testículos son hombres, ¿por qué llamar así a los aparatos encargados de la posible reproducción de esas personas? ¿Dónde quedarían además las personas con genitales con caracteres intersexuales? Cuando un chico trans comienza el proceso de ser un padre gestante, ¿por qué se encuentra tantos impedimentos para un correcto seguimiento de su embarazo? Porque el sistema solo contempla el servicio de ginecología para las mujeres (cis).

¿Y si pasamos de llamar así a esos aparatos a llamarlos “aparato gestante” y “aparato fecundante”?

¡Ojo! sabemos que no todos los aparatos con útero pueden gestar al igual que no todos los peneanos pueden fecundar, hay excepciones. Estaremos encantades de oír una propuesta más inclusiva aún. ¿Veis? Cuando le damos una vuelta a esto del lenguaje, no resulta fácil.

Siguiendo estos objetivos, nos encontramos con “la comunicación”. Aquí se nos pueden ocurrir muchísimos ejemplos: podemos empezar por el manido “me follé a X” o “le tienes que dar placer…”, en esas expresiones, la otra persona o personas quedan desprovistas de cualquier atisbo de iniciativa, decisión o, incluso, presencia en la situación. Si follamos, follamos juntes, ¿no? 

En cuanto al placer, nos movemos de nuevo en terreno pantanoso. Como antes comentábamos, nuestra educación sexual (que por inexistente no significa que no sea educación sexual, mala, pero educación al fin y al cabo) nos lleva a pensarnos a nivel placeres en términos finalistas y coitocentristas. Gran ejemplo de esto son los “preliminares”. Fijaros lo perverso del término, preliminar a lo “bueno”, antes de lo importante, un paso aburrido hasta llegar a lo que mola de verdad… Porque, ¿qué entendemos por “preliminares”? Todo lo anterior a meter “algo” en algún sitio. Es decir, a la penetración. Cuando todo el repertorio de prácticas eróticas fuera de la penetración es, en muchísimas ocasiones, más placentero y con menos carga emocional de frustraciones y miedos que la propia penetración (riesgo de adquirir una infección, posibilidades de embarazos no planificados, tiempos de erección y eyaculación, dolor, falta de lubricación, dificultad para alcanzar el orgasmo, etc). No vemos nuestros encuentros eróticos como un viaje del que disfrutar durante todo el camino, sino sólo como un posible y único final.

¡Pero estamos a tiempo de cambiar esto! 

En resumen, y siguiendo uno de los axiomas que propuso Havelock Ellis, padre de la Sexología (no ya tan) moderna, “Entre los sexos se dan más situaciones de potencial cultivable, que problemas o trastornos que requieran tratamiento o curación”. Hablemos de dificultades más que de disfunciones para evitar patologizar aquello que puede cultivarse y hacernos crecer.

En Apoyo Positivo disponemos de un programa de Atención sexológica donde poder consultar a un profesional de la sexología, con el fin de resolver cualquier tipo de dificultad en la sexualidad o con tu pareja/s.

Contacta con nosotres para valorar una primera entrevista o sesión informativa:

✉️ educacion@apoyopositivo.org

¿Nos cultivamos juntes?

¡Continuará!