Una de las personas que forman parte de nuestra campaña del #ORGULLO2020, amiga y parte de esa #GeneraciónD es Gabriel J. Martín.

Psicólogo, escritor y activista gay e intersexual español, mundialmente conocido por sus obras QUIÉRETE MUCHO, MARICÓN (2016), EL FLUJO DEL AMOR MARICA (2017), SOBREVIVIR AL AMBIENTE (2018) y su reciente estrenado GAY SEX. Experto en psicología gay afirmativa, ayuda con su consulta, a través de sus libros y en su función de comunicador y docente, a muchos hombres gais, y personas del colectivo LGTBIQ, a entender mejor nuestra sexualidad y erótica y a vivirla sin miedos, estigmas y sin la LGTBIQfobia interiorizada que nos han impregnado en el modelo social normativo. Ha acumulado con su propia experiencia personal, y en sus obras, infinitos recursos, teorías y buenas prácticas para dar un marco académico y científico a nuestros derechos, tan cuestionados y vulnerados bajo dichos argumentos. Es amor, muy buena gente y amiga y nos ha regalado participar, desde Apoyo Positivo, en su último libro GAY SEX, abordando el chemsex en uno de sus capítulos. Por ello, hemos querido hablar con  él sobre su nuevo trabajo y su participación en esta Generación Diversidad.

 

¿Qué es GAY SEX y cuál es el objetivo de desarrollar, después de tus anteriores obras, este libro?

El objetivo del libro es que consigamos desarrollar una buena relación con nuestra propia sexualidad y que entendamos dos aspectos básicos: que la sexualidad es una de las características que precisamente nos hace más humanos y que tenemos muy poca cultura sexual por lo que somos fácilmente presa de los mitos y errores sobre el sexo. Ya me tocaba hablar de algo tan presentes en nuestras vidas y hacerlo con fundamentos científicos (ríe).

Educación sexual VS Cultura sexual. ¿Cuál es la importancia de entender estos dos espacios en el manejo del hecho sexual humano?

No es que yo establezca una diferencia pero en el libro explico que me gusta más utilizar el término “cultura sexual” porque lo de “educación” solemos relacionarlo con formaciones en centros educativos, (todo como muy reglado) mientras que “cultura” es algo que nos preocupamos de ir adquiriendo en el día día, que sabemos que es importante para nuestra vida cotidiana y que además sentimos placer por poder ir adquiriendo más y más cultura. Para mí, la connotación de “cultura sexual” tiene que ver con la satisfacción personal que me produce ampliar mis horizontes en este tema concreto. Creo que un buen follador es alquien que tiene esta actitud de aprendizaje continuo.

¿Cómo es la cultura sexual dentro del colectivo de hombres gais?

Te diría que igual de mala que en el resto de colectivos pero los hombres cisheterosexuales no han sufrido la homofobia ni han visto menospreciadas sus prácticas sexuales. Todos los demás hemos recibido un extra de prejuicios y nosotros, además, un extra de desinformación y mitos. Follamos mucho pero sabemos poco sobre nuestra sexualidad. ¿Sabemos qué es el músculo puborrectal y cómo influye en la penetración? ¿Sabemos que las diferentes posturas sirve para lograr una buena estimulació prostática sin que importe el tamaño de la polla? ¿Sabemos que el buen sexo es un sexo comunicativo? ¿Entendemos los diferentes estados emocionales que hay tras nuestro deseo? No, no tenemos ni idea de esas (y otras muchas) informaciones tan relevantes sobre nuestra sexualidad.

Tus libros son una conversación hilada hacia una mejora de la sexualidad entre hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres, ¿cuáles son los principales retos sexuales y eróticos a los que se enfrenta este colectivo la actualidad?

Nosotros somos presa de dos enemigos terribles: por un lado la homofobia que nos hace pensar que chupar una polla o gustar de recibirla por el culo es algo degradante y, por otra parte, nuestra autoestima erótica, que también anda jodida. Necesitamos liberarnos de esa homofobia interiorizada que nos hace creer que es denigrante que alguien te meta una polla en cualquier agujero de tu cuerpo (dicho así, en lenguaje coloquial). Es imperativo aprender a conectar con un deseo que durante muchos años la religión (pero también la literatura) nos ha estado describiendo como desviado, extremo y pernicioso, además de enfermizo. En cuanto a la autoestima erótica, nuestros criterios para valorarnos también está muy distorsionados, somos muy vulnerables a los mitos sobre el tamaño, el tipo de cuerpo, la fortaleza… a todos los estereotipos sobre el sexo de que nos llegan a través del porno. Es imposible tener una buena relación con el propio cuerpo o con la propia sexualidad si te comparas a ti mismo con referentes que son inalcanzables o no son más que meras ficciones.

Amor con sexo, sexo con amor. Vivimos en un marco patriarcal y normativo en cuanto a las relaciones y los compromisos o figuras familiares, ¿en qué situación se encuentra el hombre gay frente a estas normas y marco de referencia? ¿Cómo le afecta a la erótica de un hombre gay el tener como referencia base el matrimonio con destino a hijos”?

Últimamente, cada vez que alguien me pregunta por el modelo heteronormativo me gusta señalar que ese modelo ya no sirve ni siquiera para los cisheterosexuales. Esta generación está llena de parejas heterosexuales que se divorcian, parejas heterosexuales liberales que hacen intercambios y tríos, de heterosexuales solteros a los que llamaríamos promiscuos, etc. Si los heterosexuales  se están liberando de ese modelo de “matrimonio indisoluble con hijos y que folla solo entre ellos”, ¿cuánto más deberíamos liberarnos nosotros? En cuanto a cómo nos afecta, nos afecta mucho porque nos hace creer que el único sexo válido es el que se tiene dentro de la pareja y cualquier otra cosa que sea salga de ese margen tan estricto (por ejemplo las parejas abiertas) es visto como una equivocación. De hecho muchas personas consideran que esa forma nuestra de vivir las parejas, es una de las demostraciones de que los homosexuales somos incapaces de tener relaciones verdaderamente basadas en el afecto. Como siempre están mezclando churras con merinas, el afecto y la sexualidad pueden ir por caminos distintos sin más. 

La cultural gay y su ocio es una cultura sexualizada, erotizada, ¿cómo ha afectado esto a las relaciones y a la construcción del propio colectivo actual?

No hace tanto estaba prohibido ser gay. No podías ni siquiera soñar con tener una relación de convivencia, sería escandaloso que dos hombres vivieran juntos. La única opción era tener sexo esporádico con otros hombres y lo más seguro era hacerlo en lugares donde nadie supiera quién eras para que no te pudieran denunciar. Que el sexo fuera despersonalizado no era una elección sino una necesidad para sobrevivir. Sin embargo acabaron las prohibiciones y los cuartos oscuros siguieron allí ¿por qué? Porque aprendimos el morbo del sexo por el sexo y eso está bien. Hemos aprendido a relacionarnos desde el sexo y la mayoría de los espacios de ocio gay tienen que ver con el sexo. Si somos capaces de equilibrarnos y, además de lo meramente sexual, damos espacio para lo afectivo en nuestras vidas, si somos capaces de buscar el afecto en otros lugares y, finalmente, integrar ambos aspectos en nuestras vidas, entonces todo irá bien. Creo que es bueno que pensemos en nuestra propia actitud y procuremos ser consumidores críticos de ocio. Eso significa que criticaré un ocio muy sesgado hacia lo sexual pero que me obligaré a ser proactivo y no esperar a que me lo den todo hecho, que buscaré otras alternativas por mí mismo. Yo también soy responsable de mi propia vida.

Qué ha supuesto el VIH en toda esta erótica gay?

Pues nos la ha jodido, así de claro. Ha cargado nuestra relaciones sexuales de miedo a las infecciones. Además, a fuerza de restringir nuestras conductas sexuales a lo largo de tantas décadas hemos terminado en un fenómeno terrible que es el “colapso del sexo más seguro”. Cada vez a más personas le resulta difícil compatibilizar el placer sexual con el cumplimiento de unas normas tan estrictas sobre salud sexual. Por suerte la cosa está cambiando, tenemos nuevos modelos de prevención mucho más compatibles con el placer y gente como vosotros que estáis haciendo un trabajo maravilloso para hablar claramente de necesidades como la PrEP.

Hemos tenido la suerte de colaborar contigo en el desarrollo de uno de los capítulos de peso en el libro, el relativo al chemsex, ¿cuál es el mayor aprendizaje sobre este fenómeno, en relación con el Gay Sex y la cultura sexual gay?

La verdad que una de las cosas que más me gustado de este libro es poder contar con personas (como Jorge Garrido) que me han ayudado a profundizar y explicar mejor temas especialmente controvertidos. El Chemsex ha sido uno de ellos y he tenido la fortuna de contar con Jorge para explicarnos un fenómeno tan complejo. El capítulo nos deja claro que el chemsex es un gigantesco “depende”: que no todos los consumos son problemáticos y que aquellos que sí lo son tienen mucho que ver con la falta de aceptación propia, tanto del seroestatus en el caso de hombres VIH+ como la falta de aceptación del propio cuerpo. Muy relacionado también, por cierto, con la masculinidad tóxica, esa que nos vende la idea de que “un hombre de verdad siempre está preparado para tener sexo” o que si tu cuerpo no cumple unos cánones estéticos determinados no vas a ser deseado. Al final la droga es una forma de afrontar la ansiedad que el sexo nos provoca. Y esa es una clave: que el sexo se convierta en algo que nos provoca ansiedad.

Desde Apoyo Positivo pensamos que tus libros son guías de manejo de la erótica que pueden ayudar a cualquier persona, independientemente de su identidad u orientación, y, sin embargo, parece que la profundización en el marco sexual está dividiendo colectivos más que nunca: hombres heterosexuals VS mujeres / feminismo, hombres gais VS resto del colectivo, mujeres cis VS mujeres trans,… Como hombre gay intersexual, ¿cómo vives la polémica actual, de parte de un sector del feminismo, acerca de las personas trans y su derecho a la autodeterminación de género? ¿Qué tiene que ver todo eso con el gay sex?

La verdad es que estoy sorprendido por la polémica, hay cosas que no se entienden. Y creo que a algunas les vendría bien tener claros algunos conceptos elementales sobre la sexualidad humana. Me da la sensación que demasiadas personas no conocen la diferencia entre género, identidad de género o expresión de género y luego, claro, se lían y la lían. Sobre la autodeterminación de género, los que nos dedicamos a la psicología afirmativa lgbt apostamos porque las personas trans no tengan que atravesar el doloroso, humillante y patologizante proceso de demostrar que son trans. La psicología no está aquí para darle a nadie el “carnet de trans” sino para apoyarle en una transición personal y social que siempre es compleja y desgastante. En Catalunya llevamos años trabajando con un modelo de “autodeterminación de género” y no se ha producido ninguna de las hecatombes que pronostican algunas feministas.

Por último, como parte de esa #GeneraciónD, que estáis promocionando y mostrando al mundo lo positivo de la Diversidad con vuestro trabajo y activismo, ¿cuál es el mensaje que te gustaría lanzar en este Orgullo 2020?

Ay, maricón, ¡qué bonito! ¡Soy #GeneraciónD, me encanta! Es muy emocionante que me consideréis parte de esa generación. Y mi mensaje, especialmente para los jóvenes, es “Trabajamos duro para que vuestro futuro sea mejor que nuestro pasado”.