¿Alguna vez habéis probado a poner en un buscador de Internet fantasía sexual? ¿No? ¡Probad!

Es curioso que la mayoría de los resultados nos hablan de las fantasías sexuales de las mujeres y, muchas de ellas, nos plantean un ¿te atreves?

Pero, ¿qué finalidad tienen las fantasías sexuales?, ¿es sólo cosa de mujeres?, ¿tienen algún significado? Aclaremos algunos conceptos.

Si nos vamos a la definición de Wikipedia, esa enciclopedia que nos saca de dudas, vemos la siguiente definición de fantasía sexual:

Las fantasías sexuales son representaciones mentales creadas por el inconsciente teniendo como tema principal las relaciones sexuales. Freud las definió como representaciones no destinadas a ejecutarse. (1)

Estamos de acuerdo con parte de esta definición; por una parte, sí son representaciones mentales, forman parte del imaginario. Sin embargo, no siempre están creadas por el inconsciente, es más, las fantasías las podemos convocar para utilizarlas en nuestra erótica con todos los beneficios que nos puede traer y que veremos a lo largo de este post.

Nos hablan de que el tema principal son las relaciones sexuales, pero no podemos evitar preguntarnos, ¿a qué hacemos referencia cuando hablamos de relaciones sexuales? Para que lo consideremos fantasía sexual, ¿qué tiene que suceder?, ¿tiene que haber cuerpos desnudos?, ¿penetraciones?, ¿de qué tipo? Entendemos que esta idea procede del modelo de sexualidad en el que estamos educados basado en coitos y genitales. Pero, como ya hemos planteado en publicaciones anteriores, podríamos distinguir, dentro del hecho sexual humano, tres aspectos diferenciados aunque interrelacionados:

  • El SEXO, que sería aquello que soy,
  • la SEXUALIDAD, que hace referencia lo que siento y,
  • la ERÓTICA, que tiene que ver con lo que hago.

Por eso, nuestra propuesta es hablar de FANTASÍA ERÓTICA, ya que la podríamos considerar como una forma de expresar nuestra erótica.

Siguiendo esta lógica, y nuestro marco teórico, si consideramos que la sexualidad y su  erótica pueden ir más allá de las prácticas en las que se incluyan genitales y prácticas coitales, con las fantasías sucede exactamente lo mismo. Muchos estudios se han hecho sobre las fantasías y una cosa ha quedado clara, el contenido de estas puede ser de lo más variado.

Podemos encontrar libros donde las personas describen sus fantasías con una variedad enorme de temas, incluso, personas que describen sus fantasías haciendo referencias a olores o colores. ¿Dejan de ser fantasías? Desde nuestro punto de vista, lo que podría definir una representación mental como fantasía erótica, no es tanto el contenido como la capacidad que tenga para excitar a la persona.

Si incluimos la fantasía dentro de la erótica (de lo que hago), podríamos pensar que la fantasía es aquello que en realidad deseo hacer, que quiero ponerlo en práctica. No tiene por qué ser así. Algunas veces, podemos intentar realizar alguna fantasía que tengo, pero en ese momento pasa a ser un deseo y una práctica si conseguimos llevarla a cabo.

Y es que uno de los potenciales que tiene la fantasía es el hecho de formar parte del imaginario, y que no sea necesario que salga de ahí. A través de mi imaginación puedo ser quien quiera ser, estar dónde y con quién quiero, que los acontecimientos transcurran como yo deseo… Puede resultar muy excitante imaginar lo prohibido, ya sea por la sociedad o por nosotros mismos, aquello que, en la realidad, no me permitiría o no me gustaría hacer.

En los últimos meses, hemos visto en prensa muchos artículos que nos hablan de la cultura de la violación y de la influencia de la pornografía en la educación sexual que recibimos. Si entendemos que la pornografía está basada, principalmente, en una imagen de la mujer como objeto, sumisa y donde suelen verse actitudes bastante agresivas, no vamos a quitar la razón a estas ideas, la pornografía como instrumento educativo puede ser un problema, pero no es la pornografía en sí lo problemático.

Este tipo de material puede ser una mera fuente de estimulación o excitación si simplemente se utiliza en el imaginario como fantasía. Evidentemente, no todas las personas consumidoras de porno se convertirán en un futuro en posibles violadores. Una buena educación sexual complementaria, y como base de la persona, puede dejar la pornografía en el lugar que le corresponde, en el ámbito de lo imaginario. Además, tengamos en cuenta también las nuevas corrientes que están surgiendo en este campo. Cada vez hay más iniciativas como las de Erika Lust, considerada una de las principales ideólogas del porno feminista.

Culturalmente, siempre hemos relacionado los genitales como el órgano principal de nuestra sexualidad. Sin embargo, tengamos en cuenta que la mente es, en realidad, el motor de lo fundamental y, si no, pensemos en cómo un sueño erótico puede excitar nuestros cuerpos llegando, incluso, a tener orgasmos.

Las fantasías eróticas pueden ser un campo maravilloso de exploración. No es necesario que las compartas con nadie, si no lo deseas, que las pongas en práctica, si no lo deseas, que las utilices únicamente cuando estás solo, ya que la fantasía no supone una traición si en ese momento estás relacionándote con otra persona.

Puedes utilizarlas independientemente de tu identidad ya que no es cosa exclusiva de mujeres. Por eso, te invitamos a que las cultives, que las investigues y que te aproveches de todo su potencial para enriquecer tu vida erótica.

(1). Freud, S. (1905) Tres ensayos sobre teoría sexual.