Presentar a Valeria Vegas a estas alturas es casi una herejía, ya que desde la publicación de su primer libro en 2015, Grandes actrices del cine español (Ocho y medio), su presencia ha sido constante, tanto en medios de comunicación como en redes sociales. Es cierto que el gran boom llegó con la publicación de ¡Digo! Ni puta ni santa. Las memorias de La Veneno (2016) y con la casi obligada exposición mediática tras la muerte de nuestra admirada vedette. Además, con el reciente lanzamiento de la serie creada por los Javis para Atresmedia, y donde Valeria es el eje vertebrador de la historia además de asesora de guion, la mecha del reconocimiento como biógrafa de Cristina no deja de arder.

Pero, aunque Veneno forma parte de Valeria, Valeria no es solo Veneno. Ni mucho menos. Entre sus trabajos como arqueóloga de la memoria histórica LGTB podemos encontrar el documental Manolita, la Chen de Arcos (2016) o el ensayo Vestidas de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la Transición española (Dos Bigotes, 2019). Pero no solo eso, ya que esta periodista, escritora y artista de variedades lo mismo te escribe un prólogo, que te presenta un evento, que aparece en un videoclip de Fangoria. Gracias a este perfil poliédrico la hemos podido ver paseándose por programas como Un año de tu vida, con Toñi Moreno; A vivir Madrid, con Macarena Berlín; u Hormigas Blancas, junto a otros grandes nombres como María Teresa Campos o Andrea Bronston. 

Así que hablar de Valeria es no dejar de nombrar trabajos y colaboraciones porque ella es incombustible. Por eso podemos afirmar, sin necesidad de andarse con paños calientes, que ella es un ciclón de la naturaleza, una bomba latina y una piedra dura de Valencia que no se puede aguantar. En ella reside el espíritu de las tonadilleras, de las protagonistas de Falcon Crest, de los personajes outsiders del cine de John Waters y de los invitados a las fiestas privadas de la jet set marbellí de los años 90. Por todo esto, Valeria es tan inclasificable como los personajes que abandera y con un corazón lo suficientemente grande como para luchar por la memoria de todas aquellas que fueron víctimas del olvido mediático. 

Hemeroteca con piernas. Heroína del papel cuché. Llamémosla como queramos, que lo que está realmente claro es que miss Valeria es, simple y llanamente, el resultado de la constancia y del trabajo hecho con mucho, mucho amor.

Eres periodista, directora, asesora de guion, escritora… ¿Mujer polifacética por decisión o por necesidad?

Te diría que un poco de ambas cosas, pero no es cierto, porque echando la vista atrás me doy cuenta de que he sabido decir que no muchas veces. Es más, creo que me he construido positivamente más a base de rechazar cosas que de hacer otras de las que nos implicamos por pasión. Recuerdo estar dudando un par de días en torno a un reality en el que tenía la puerta abierta. Pero no me veía cómoda. Y lo mismo una vez que me ofrecieron cantar, con lo mal que lo hago. No era nada trascendente, o vete a saber, pero desde luego tenía claro que no era lo mío. Abarco mucho, pero sólo de lo que domino. Todo este rollo para contestarte: ¡Por decisión!

Eres una especie de arqueóloga cultural, ya que te gusta desenterrar personajes que siempre han estado ahí, pero que se habían quedado olvidados bajo una gruesa capa de olvido, ¿cuál es la motivación que te lleva a sacarlos de nuevo a la luz?

Porque creo que este país es muy ingrato a veces, ya no sólo porque olvide con facilidad, sino porque nos traen una serie basada en hechos reales de fuera y nos fascina, porque seguramente es maravillosa, y los biopics, y demás. Pero aquí tenemos historias fascinantes que se han de reivindicar, personas transgresoras. Es que si no lo tuviéramos, pues vale, pero un país tan convulso como éste, en apenas un siglo atrás, hay mucho donde mirar. O yo lo veo así.

Últimamente estás presente en todo tipo de medios. Prensa escrita, radio y televisión, nada se te escapa. Sin ir más lejos, este verano has sido colaboradora de Hormigas Blancas en programas dedicados a distintos personajes, entre ellos a Lola Flores y Rocío Jurado. Espero no ponerte en un brete, pero ¿eres team Lola o team Rocío? ¿Por qué?

¡Me estás pidiendo que dedo elijo para cortarme! Además de buenas artistas, con todo ese temperamento, tenían una actitud ante la vida que no se ve mucho hoy en día. Una mujer como Rocío, que se declaraba partidaria del divorcio, cuando faltaban todavía cinco años para que existiese en España una ley que lo permitiese. Y Lola además me parece una de las mujeres más divertidas que ha dado el mundo, no este país, el mundo entero. Son dos matriarcas como dos huracanes.

Tienes un perfil que podríamos decir que es único, porque combinas lo mejor de la prensa rosa de los 80 y 90 —el respeto por el personaje y la investigación— con una faceta más mediática, ya que en ocasiones también has sido personaje. Todo ello, separándote claramente de la figura del colaborador de Sálvame y con una fuerte vinculación por la memoria LGTB, ¿crees que estás abriendo camino a una nueva generación de periodistas que reivindique la memoria histórica de la farándula televisiva como creadora de identidad social?

Estaría un poco feo por mi parte adjudicarme algún mérito, porque en definitiva me limito a hacer lo que me gusta del modo que me gusta. A veces hasta con limitaciones. Pero sí es verdad que apuesto porque se puedan hacer las cosas de manera constructiva, incluso cuando hay que dar caña en algo. También es verdad que no hago prensa del corazón al uso, porque cuando analizas algo de hace 40 años, ya no es prensa rosa, que adoro, es más un ejercicio de descontextualización. Lo mismo con el cine y otras vertientes. Mi compromiso LGTB o de memoria histórica lo reservo para los trabajos personales, los libros, sobre los que tengo decisión, o algunos artículos.

En relación con la pregunta anterior, podemos afirmar que si no hubiera sido por ti y por la biografía que escribiste sobre La Veneno, nunca hubiera llegado a materializarse la serie de los Javis y, lo que es más importante, Cristina no se hubiera llevado esos últimos meses de felicidad que se merecía. ¿Crees que ha llegado el momento de reivindicar a los juguetes rotos y darles el lugar que les corresponde dentro de la Historia de la televisión?

Pues no te voy a quitar la razón, porque sólo hay que ver que llevaba 3 años alejada de los medios, donde ya no le daban cabida, ni realizaba actuaciones. Desde luego la televisión tiene una deuda pendiente con ella y muchas personas más, pero ya no sólo bajo la idea de lo que denominamos juguetes rotos, también para esas personas que acudían a los talk shows con toda su ingenuidad y detrás había toda una intención de burla, con premeditación y alevosía. En el caso de Cristina La Veneno, creo que hay algo que ya era interesante, lejos del concepto posterior de “juguete roto”, que yo de verás tampoco la veía como tal. Más bien como una outsider que no encajaba en ningún lado. Pero cuando ella salía en televisión contando los malos tratos de su infancia y poniendo sobre la mesa las situaciones que vivió en su adolescencia, en su pueblo, cuando entonces no se decía bullying, ya en eso hay una historia digna de escuchar. Igual que su forma desprejuiciada de hablar del sexo o la prostitución.

Si no hubieras sido periodista, ¿Qué te hubiera gustado ser?

Creo que veterinaria, que es la otra alternativa que me rondaba en la niñez. Aunque también pienso que me afectaría mucho cuando ya no estuviese en mi mano salvar una vida.

Y para terminar, ¿qué nos puedes contar de tus futuros proyectos?

El más inminente es un nuevo libro, con el que siento que cierro una trilogía. Y pronto me embarco en el guion de un documental. Pero me gustaría sacar tiempo para poder ser más prolífica y escribir un libro cada siete meses.

Carlos Barea es graduado en Publicidad y Relaciones Públicas, máster en Escritura Creativa por la escuela Hotel Kafka y máster en Estudios LGBTIQ+ por la UCM. Recientemente ha publicado su primera novela, ‘Bendita tú eres’ con editorial Egales.