Cuando la necesidad aprieta, el ingenio se manifiesta. Esta podía ser la máxima de Silvia Matos, diseñadora, activista y empresaria que ha revolucionado el mundo de la moda con sus colecciones de ropa interior para personas trans, TransLingerie. Esta marca no solo está hecha por y para personas trans, sino que también ofrece trabajo a un colectivo que sufre una tasa de desempleo en torno al 80%, según varios sindicatos. Y es que las modelos, trabajadoras e incluso mensajeras de su empresa son personas trans. 

Silvia es, por tanto, un claro ejemplo de que la mera existencia, cuando se pertenece a un colectivo oprimido, es la mejor forma de ejercer el activismo. O, por lo menos, así lo entendió ella cuando, acuciada por su situación de desempleo y la necesidad de encontrar una prenda que se adaptara a su anatomía, decidió emprender y meterse de lleno en el difícil mundo del diseño de moda.

Además, preocupada por la situación de su colectivo, recientemente ha iniciado una recaudación de fondos, junto con Eduardo Navarrete y Apoyo Positivo, para ayudar a mujeres trans que se dedican al trabajo sexual y que se han visto especialmente afectadas por la pandemia.

Así pues, podemos comprobar que Silvia Matos es en un estandarte del activismo práctico tan necesario para que el colectivo trans encuentre su lugar en esta sociedad, así como en el mercado laboral. Un lugar que debería estar conquistado desde hace ya mucho tiempo, pero que, desgraciadamente, el avance es todavía muy lento.

Has estudiado moda, pero no te has limitado solo a diseñar, sino que también has creado tu propia marca, TransLingerie. Este emprendimiento, ¿ha sido por necesidad o por vocación?

En 2006 empecé moda en Madrid. Y luego hice dos másteres, uno de personal shopper y otro de coolhunter. TransLingerie surgió por necesidad, ya que al final de la carrera empecé a buscar trabajo sin éxito por mi condición de trans, por lo que quería montar algo, pero no sabía el qué. Así que buscando por Internet prendas que se adaptarán a mi cuerpo para ocultar el pene, vi que no había nada. De esta forma empecé a investigar patrones y telas que fuesen las idóneas hasta que creé Translingerie de la nada y para el mundo. Ya llevamos 6 años y seguimos creciendo poco a poco.

Entendemos que, como mujer trans visible, la idea de lanzar una línea de ropa interior para personas trans viene provocada directamente por una necesidad propia para cubrir las carencias que presenta la ropa interior estándar. ¿Crees que a una persona cis se le hubiera ocurrido esta oportunidad de negocio en algún momento?

Creo que las mejores ideas de negocio surgen de la propia necesidad de un mismo colectivo. Creo que alguien cis no lo hubiera hecho porque no saben ni cómo, ni qué usamos, ni si hacemos algo para ocultar el pene en las mujeres trans o los pechos en los chicos trans.

Siempre nos hemos preocupado por alcanzar objetivos y derechos sociales para el colectivo trans, algo importantísimo, pero hemos dejado un poco de lado asuntos más prácticos como, por ejemplo, la necesidad que suples con tu marca, ¿qué otras cuestiones prácticas crees que quedan por cubrirse en el colectivo trans?

Una ley, que estamos ya con ella, para cubrir las necesidades de mi colectivo. Como un trabajo digno que nos brinde la posibilidad de un techo y un plato caliente de comida cada día. Que todas las empresas se vean obligadas a tener en su plantilla a nuestro colectivo les guste o no, siempre que estén cualificados.

¿Es TransLingerie una forma de hacer activismo? ¿Por qué?

Porque solo contratamos a personas trans: modelos, mensajeras, trabajadoras… Siempre con la intención de ayudar y dar visibilidad a un colectivo y romper los estereotipos. No todos somos iguales y la gente no tiene por qué entender lo que somos, sino respetarnos.

¿Crees que llegará un momento en el que haya una sección de ropa interior para personas trans en grandes almacenes o tiendas de lencería?

¡Ojalá! y en ello estamos. Poco a poco y paso a paso.  Tardará, pero no mucho y ahí estaremos para seguir apoyando.  H&M empezó con una colección sin género y duró una temporada.

Has iniciado una campaña solidaria junto con Eduardo Navarrete y Apoyo Positivo para recaudar fondos para mujeres trans que se dedican al trabajo sexual. ¿Cómo crees que está afectando esta época pandémica a este colectivo? 

A lo grande, ya que más del 85% de las chicas se dedican a la prostitución y eso se paró. Su fuente de ingresos se vio congelada de un día para otro y muchas quedaron atrapadas en países sin saber qué hacer. Ayudamos a todas las que pudimos, pero ahora venimos pisando más fuerte con la campaña de Navidad. Ayudar lo es todo en mi colectivo, mucha gente necesita una mano que les dé tranquilidad y un poco de cariño.

Si no hubieras sido diseñadora y empresaria, ¿Qué te hubiera gustado ser?

Forense, siempre me ha gustado explorar el cuerpo humano. Pero también me gusta mucho la calle y las cañas, así que eso de estudiar medicina seis años durante tantas horas, como que no. Eso sí, tranquilos que todavía no he matado a nadie.

Y para terminar, ¿qué nos puedes contar de tus futuros proyectos?

Vamos a cubrir todos los sexshops de noruega con nuestra marca. Se llamará Transjelpen, que significa ayuda trans en noruego. Y en marzo haremos un desfile virtual entre Barcelona y Madrid patrocinado por Piazza Comunicación y Facial Team. La cuestión es no parar.

Carlos Barea es graduado en Publicidad y Relaciones Públicas, máster en Escritura Creativa por la escuela Hotel Kafka y máster en Estudios LGBTIQ+ por la UCM. Recientemente ha publicado su primera novela, ‘Bendita tú eres’ con editorial Egales.