¿Qué consecuencias psicológicas tiene la hepatitis C en los pacientes?

El diagnóstico de una infección como la hepatitis C genera una reacción emocional y unas consecuencias psicológicas en la persona, que se deben tener en cuenta a lo largo del proceso de la infección, para evitar que disminuyan su calidad de vida e impidan que la persona pueda seguir su proceso evolutivo con la mayor normalidad posible.

hepatitis-c

Estas consecuencias psicológicas pueden variar en cada persona, por su situación personal y por la fase en la que se encuentre el paciente.

En la fase de diagnóstico, normalmente se genera un estado de shockemocional, en la persona afectada y su entorno. En este momento surgen de forma recurrente preguntas tales como: ¿cuándo me he infectado?, ¿cómo?, ¿por qué me ha pasado a mí? Además de la inquietud de pensar si se ha podido infectar a alguien cercano. Es entonces cuando suelen aparecer síntomas de ansiedad, depresión, miedo, rabia e incertidumbre, que pueden estar presentes a lo largo de toda la enfermedad.

En la mayoría de los casos, también se presenta un sentimiento de culpa por haberse infectado o por haber infectado a algún familiar; es necesario trabajar estos sentimientos para que no se queden instaurados y cronificados, y disminuyan como hemos comentado antes la calidad de vida del paciente.

En una segunda fase del diagnóstico también suelen aparecer fuertes sentimientos de rabia e irritabilidad que a veces se vuelcan en el entorno. Surgen también sentimientos de aislamiento y auto rechazo, por el estigma social que sufre la infección de la hepatitis C, a esto se añade la presión por el miedo a las bajas médicas, e incluso a la pérdida de trabajo.

Más tarde, en el paciente en fase de tratamiento, después de la decisión de la toma de medicación que ha podido generar estrés y dudas, pueden aparecer efectos secundarios físicos y psicológicos. Losefectos secundarios físicos pueden ser más o menos graves, pero suelen desaparecer con el tiempo, una vez que se ha finalizado el tratamiento. Los efectos secundarios psicológicos, sin embargo, tales como ansiedad, estado de ánimo deprimido, gran irritabilidad, a veces pueden generar mayores complicaciones, ya que incluso pueden provocar el abandono del tratamiento, por eso es fundamental poder hablar con nuestro médico si aparecen estos síntomas, para que se puedan buscar soluciones que los disminuyan o eliminen.

Por otro lado, el trasplante hepático a veces se plantea como la única opción posible cuando el resto de tratamientos no han funcionado. En esta fase el paciente presenta un gran nivel de ansiedad, por la incertidumbre que genera estar a la espera del trasplante y por la amenaza de supervivencia que implica la intervención.

Aunque todas estas sensaciones son normales y adaptivas dentro del proceso psicológico que sufre la persona con infección por hepatitis C, es muy es importante que estas emociones sean tratadas por un especialista, si es necesario, que evitar que se cronifiquen y de esta forma disminuyan la calidad de vida.