Esta semana hemos celebrado el Día Internacional de la Mujer, un día en el que mujeres de todos los continentes se unen para celebrar una lucha de más de 100 años en pro de la igualdad, la justicia y la paz.

Haciendo un breve recorrido por la historia, nos encontramos que durante la Revolución Francesa se proclamó La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en el año 1789, excluyendo, de cualquier derecho, a mujeres, niños y esclavos. No fue hasta el año 1791 en la que Olympe De Gouges redactó La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, en la que ya se proponía la emancipación femenina en el sentido de la igualdad de derechos respecto al hombre. Su autora defendía que la mujer nace libre y debe permanecer igual al hombre en derechos, y que la Ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y los Ciudadanos deben contribuir, personalmente o por medio de sus representantes, a su formación.

Esta declaración no fue muy bien aceptada por sus compañeros revolucionarios, que la acusaron por traición al negarse a condenar a muerte al rey de Francia.

Durante el siglo XIX, en pleno apogeo de la industrialización en el que la vulneración de derechos humanos estaba al orden el día, vuelve a irrumpir con fuerza la idea de celebrar el Día Internacional de la Mujer, liderado por movimientos sufragistas femeninos emergentes, que retoma un proceso de cambio en cuanto al papel de la mujer en la sociedades occidentales.

En 1909, desde el Movimiento Socialista se celebró el día Nacional de la mujer en Estados Unidos, en 1911 se empezó a celebrar también en varios países europeos, como Alemania y Suiza. Y con la Primera Guerra Mundial más mujeres del resto de países europeos se unieron a este pensamiento. Pero no fue hasta 1975 cuando Naciones Unidas proclamó la Celebración del Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo, como fecha significativa de todas estas acciones y en memoria de las 149 víctimas del incendio producido en una fábrica textil en 1911 en Nueva York.

Recientemente, en 2014, la 58 Sesión de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW58), se centró en los desafíos y logros de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para las mujeres y las niñas. dentro de uno de los ocho objetivos de Promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer.

Y reflexionando sobre el cuarto de siglo que llevamos en esta maratón que parece no tener fin, donde el avance es muy lento por los múltiples escollos debido al mandato homopatriarcal que rige la sociedad actual, vemos que la igualdad está muy lejos de hacerse realidad.

Y no es algo que nos inventemos, los datos están ahí.

A día de hoy, la precariedad laboral  en la mujer es más alta; el número de desempleadas es mayor; el número de mujeres en riesgo de exclusión social está por encima del número de hombres; solo 1 de cada 4 puestos de nivel alto están ocupados por mujeres y la brecha salarial entre hombres y mujeres ha crecido; entre los meses de enero y febrero de este año llevamos ya 11 mujeres muertas, víctimas de violencia machista, reflejando que la Ley vigente no sirve; las cargas familiares siguen repartiéndose con mayor peso en la mujer…

Y, según las últimas encuestas, el 92% de la población española piensa que existe desigualdad de género, aunque durante esta semana hemos podido ver en redes sociales la pregunta sobre el día Internacional del Hombre; o a individuos como Álvaro Reyes que se dedica a enseñar a otros hombres heterosexuales cómo acosar a mujeres en espacios públicos para intentar conseguir sexo con ellas. Desde aquí, pedimos vuestro apoyo para que, al menos, cierren su canal de Youtube, para evitar que se siga considerando a la mujer como un cuerpo que puede ser mercantilizado, usado y despreciado. 

En definitiva, todavía tenemos mucho que recorrer, esta es una lucha de derribar estereotipos de género arcaicos y heterocéntricos, derribarlos desde dentro y educar a las nuevas generaciones (y reeducar a las no tan nuevas), en que todas las personas, binarias o no binarias y con sus diversidades, tengan las mismas oportunidades sin discriminación ninguna y sean libres de ser lo que quieran ser.

Desde Apoyo Positivo queremos, no sólo trabajar por esta igualdad de oportunidades, para que todo el mundo viva su diversidad sin que se vulneren sus derechos, también facilitar las herramientas adecuadas para que cada persona ponga su granito de arena para conseguir una sociedad más justa e igualitaria y, por supuesto, desde nuestra actuación y gestión como entidad en estos valores. aportando toda nuestra fuerza en alianzas, acciones y campañas que trabajen para esta causa, como el Decálogo por la Igualdad, que hemos firmado esta semana en la Woman’s Week.

También visibilizando y animando a que la propia ciudadanía sea ejemplo de estas acciones en la que se lleva a cabo una igualdad para todos, y, por eso, queremos también agradecer movimientos y grupos que trabajan día a día por esta igualdad, como la acción de vecinas del barrio de Lavapiés, que salen en defensa de la mujer trans que fue agredida en enero del 2016.

¡Gracias, compañeras!

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