• En el 1º aniversario por el fallecimiento del artista y activista Shangay Lily, recordamos su discurso y especialmente su ensayo póstumo “Adiós, Chueca”.

Consciente de que la comunidad LGTB había logrado éxitos por la unión de activismo (fuerza) y de cultura (orientación, sentido), Shangay fue un artivista (activista+ artista) implicado en una narrativa de la diferencia a través de acciones y obras (teatro, pintura, música, poesía, ensayo, narrativa) que nos motivan a replantear nuestra micropolítica personal.

La primera parte de “Adiós, Chueca” ahonda en los factores que llevaron a una población estigmatizada a reivindicarse como comunidad. ¿Qué implicaba tener una orientación no heterosexual?, ¿qué nos unía? Para Shangay, partimos de “la pedrada” para erigirnos como una comunidad luchadora e inclusiva, y eso fue especialmente a partir de la crisis del sida de los 80-90. El sida, tragedia atroz, se convirtió en una fuerza aglutinadora que reforzó nuestro sentido de comunidad. La noción de que el sida nos podía atacar a cualquiera  y que además, lo hacía con mayor fuerza a través del clasismo y la LGTBIfobia, nos hizo sentirnos más cercanos que nunca a nuestros hermanos. “Sin esa maravillosa red de personas generosas que crearon iniciativas como bordar gigantescos edredones con los nombres de los caídos para sacarlos en desfile a la luz de las velas en recuerdo a nuestros muertos, sin esa disciplina de asociaciones, grupos y personas que sabían que se jugaban la vida, la visibilidad, la denuncia de la tragedia que estábamos viviendo mientras las instituciones miraban hacia otro lado, que recordaban cada día que esa visibilidad, esa denuncia y esa asistencia eran cuestión de vida o muerte, no habría ido posible la ejemplar concienciación que como comunidad conseguimos”.

Tras esa fuerza comunitaria mediante la lucha contra el VIH/Sida, primero, y mediante la fiesta después, llega el “gaypitalismo”,

Término inventado por Shangay relacionado con la apropiación de “lo gay” para beneficio de lucrativos negocios.  Y entonces la comunidad gay perdió su discurso y con ello sus redes de solidaridad.

En un contexto en el cual el capitalismo se agotaba por estancamiento y requería nuevos modelos, la marca gay ofreció frescura y ampliación de la industria del ocio y del autocuidado. “Como unas décadas antes la mujer sometida a una tiranía social había generado toda una industria de cosméticos, fajas, corsés, cirugías, peluquerías, tintes, pastillas y demás reordenaciones estéticas para encajar en el modelo heterosexista de lo femenino, lo gay emanó todo un flujo de negocios en torno al cuerpo gay manufacturado”.

Muchos gays, ávidos de integración, nos sobreidentificamos con esta “marca gay” para escapar del estigma y tener reconocimiento social.  “Así nació un verdadero sistema de franquicias que vendían la identidad/marca gay, explotando la perentoria necesidad de miles de homosexuales torturados, excluidos por la sociedad, marginados desde niños, de pertenecer, de encajar en algo por una vez en su vida. Esa ilusión generó una lucrativa industria que mercadeó con esa necesidad de pertenencia, falseando el proceso de construcción de una comunidad y sobre todo el sentido de pertenencia a esa comunidad. Se hizo creer a toda una generación, desesperada por probar las deliciosas aguas de la libertad, que la comunidad se define por la apariencia, por los manierismos, por lo superficial y no por el contenido, el hecho, el interior, el afecto. Lo importante es cuánta pluma tienes/no tienes, cuán a la moda vas/no vas, cuán identificable en lo externo eres, en suma”.

Los códigos de presentación cultural gay cambiaron. El lujo, la fiesta para jóvenes, el erotismo más estereotipado, los chulazos, las divas ajenas realmente a nuestra cultura… constituyen un paquete que ha ido apartando las facetas más heterodisidentes de nuestro mundo, trasladando el conflicto social a un conflicto sentimental-sexual.

El efecto es que no todos van a tener las mismas oportunidades para tener un reconocimiento entre iguales, dentro de una reproducción de sistemas de poder con personas que son bien aceptadas y otras que no lo son, en base a la edad, raza y  “complementos”.  Además, el gaypitalismo exige esfuerzos y sacrificios de tal manera que se puede vivir por encima de nuestras posibilidades (económicas y físicas) con tal de encajar.

“Se impuso un verdadero fascismo representacional; una ficción que inventó un modelo de perfección imposible como parámetro al que aspirar para ser “gay”; una emulación inalcanzable que muchos homosexuales pagaron con la drogadicción, la depresión-o incluso el suicidio- al no poder soportar la frustración y la constante presión de ser perennemente perfectos, ejemplares y eufóricos”.

En suma, mientras se vendían éxitos no se estaban ofreciendo recursos para la autoestima e inclusión de las personas sin acceso a privilegios: clase trabajadora sin sueldo holgado, disidentes de lo heteronormativo, migrantes, transexuales, mayores, personas con diversidad funcional, personas con VIH…

Shangay señala que el gaypitalismo se va a ir haciendo más y más fuerte a medida que la comunidad y el activismo vayan desatendiendo la transversalidad. Hay que tener presente, nos recuerda, que el éxito de la lucha contra el sida fue posible porque supo articular estrategias con numerosos criterios (raza, identidad de género, clase social, migración, enfermedad…) en tanto en cuanto se entendió que la construcción social de los cuerpos, la represión de la diversidad afectivo sexual y sexogenérica,   el racismo, el heterocentrismo, etc. son fenómenos que se comunican entre sí.

“El gaypitalismo, que se desentiende de las otras grandes luchas sociales para centrar su valoración de éxito en la sexualidad, lo convierten en un modelo fácilmente manipulable por el capitalismo neoliberal. Al igual que el movimiento de derechos de la mujer ha sido ondeado para disimular una gruesa cartera de medidas clasistas, racistas y homófobas, la bandera de lo gay ha acabado por servir para disimular un mercado neoliberal donde sólo una élite gay privilegiada se beneficia del modelo establecido”.

La obra de Shangay se nos presenta como una hoja de ruta rabiosa pero no desesperada. Porque Shangay es consciente de toda la fuerza del activismo de la diversidad, fuerza que podemos tener todxs una vez dejemos de abrigarnos con las marcas de consumo especializadas en espejismos.

Este martes 11 de Abril en Teatro del Barrio en Madrid a las 19 horas se ofrecerá un homenaje a Shangay Lily, con vídeos y mónologos, de entrada libre.

 

shangay-homenaje

 

 

VÍDEO: HIPERMEGASUPERDIVA