El pasado 4 de julio, tuvimos el placer de poder participar como formadores en el curso sobre Género y Derechos Humanos de la escuela de verano organizada por el Colegio de Politólogos y Sociólogos de Madrid. Nuestra intervención se centró en las relaciones que se establecen entre el fenómeno de las migraciones, el género y la infección por VIH.

Después de la buena acogida e interés mostrado por los asistentes al curso, nos ha parecido interesante resumir en este post algunas de las ideas y aportaciones que allí se realizaron, y tratar de fomentar así la reflexión sobre esta temática.

En la infección por VIH, y a pesar de los grandes avances logrados en cuestiones como la calidad de vida, el diagnóstico precoz, la indetectabilidad, la terapia antiretroviral  (y próximamente la Prep), vemos que en el día a día, y a pesar del éxito sanitario, existe un fracaso social: a día de hoy continua el estigma y la discriminación hacia las personas que viven con VIH.

En el caso de las mujeres migrantes con VIH, esta discriminación tiene características propias y definidas.

Un poco de historia: las mujeres en la investigación sobre el VIH

Históricamente se ha dado una infrarepresentación de las mujeres en la investigación biomédica, de forma que, en la primera ola de investigaciones sobre el tema, se hizo un claro silencio alrededor de los problemas biomédicos y sociales de las mujeres con VIH. La imagen que en aquellos años se daba de las mujeres seropositivas era el de promiscuas, prostitutas o de meras transmisoras del virus a sus descendientes.

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Es solo a partir de la primera mitad de los años 90, cuando las investigaciones empiezan a centrase en las mujeres como personas que viven con el virus, y no solo como las que lo transmiten. En la segunda mitad de los años 90, una tercera ola de investigaciones interseccionales busca por fin una mayor comprensión de la influencia de las desigualdades de poder y las fuerzas sociales. De estas investigaciones podemos sacar algunas ideas clave:

  • En mujeres, se suele dar una mayor exposición a relaciones sexuales de riesgo.
  • Existe una invisibilización de las diferencias de género y sexuales: no se tiene en cuenta por ejemplo la morbilidad diferencial en los estudios epidemiológicos, ni tampoco se contemplan cuestiones como la obtención de menores recursos económicos, mayores cargas familiares o el menor acceso a recursos preventivos.
  • Como consecuencia de la exclusión y de la infrarrepresentación (entre un 11% y un 38% de la muestra) en los ensayos clínicos, se dan casos de efectos secundarios adversos  de medicamentos por desatender la respuesta diferencial de los cuerpos de las mujeres.

Además de esto, nos encontramos también con algunas diferencias entre hombres y mujeres en diferentes ámbitos de la vida.

Diferencias en distintos ámbitos

En el ámbito sanitario, se da una asimetría en el tratamiento de la vulnerabilidad ante el virus, al no tenerse en cuenta aspectos diferenciales específicos como los niveles de linfocitos CD4, la carga viral y la respuesta inmunológica a los fármacos antiretrovirales.

En el caso de mujeres migrantes, se da a demás un mayor diagnóstico tardío, mayores dificultades para el acceso a tratamientos y una peor adherencia a los mismos. A esto habría que añadir las consecuencias aún no cuantificadas de la aplicación durante un periodo de tiempo del, a nuestro juicio injusto, real decreto 16/2012 que restringía (hasta que se tomaron las medidas necesarias para que no fuera así) el derecho a la asistencia sanitaria a las personas en situación irregular.

En el ámbito laboral, es necesario recordad como la tasa de desempleo y la precariedad laboral sigue afectando más a las mujeres que a los hombres. En el caso de mujeres migrantes habría que sumar, también, cuestiones como la especial incidencia que tiene en este colectivo a asumir lo relativo al cuidado de los demás (por encima del cuidado propio), y el miedo al despido.

En el entorno social, a la idea de mujer con VIH como prostituta, drogadicta o promiscua, habría que sumarle además en el caso de las mujeres migrantes cuestiones como la escasez de redes de apoyo, de información, dificultades con el idioma, así como el miedo a la visibilización de la infección y a no poder volver a sus países de origen o, por el contrario, a ser deportadas.

En lo relativo al ámbito sexual y afectivo, nos encontramos con una mayor prevalencia del virus en comparación con la población general y un mayor riesgo de contraer el virus. En mujeres migrantes, se suman cuestiones específicas como una posición de inferioridad para decidir sobre las relaciones sexuales, la enorme influencia que supone la idea de sexualidad y de “ser mujer” que se da en el país de origen, así como la relación que se sigue estableciendo entre infidelidad, culpa e infección por VIH.

Bibliografía: Pérez Sedeño, E. García Dauder, S. Las mentiras científicas sobre las mujeres. Catarata.