En Apoyo Positivo, el tipo de trato y relación que se establece con los usuarios que acuden a la asociación es la piedra angular que marca nuestras intervenciones. Siempre hemos entendido que la mejor manera de ayudar a las personas que acuden a nuestra sede, no es tanto el decirles lo que tienen que hacer, sino acompañarles en esos momentos, para que sea cada uno el que tome las decisiones que más le convienen en función de sus circunstancias y situación personal.

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Con el post de hoy, queremos introducir los principios básicos de la herramienta de trabajo más extendida en nuestras intervenciones personal-relacionales con nuestros usuarios: la escucha empática no directiva o counselling.

 

Podemos definir el counselling como una alianza estratégica entre consejeros y consultantes comprometida con las experiencias difíciles de la vida y que se acerca a ellas con la responsabilidad compartida de ofrecer apoyo, potenciación y orientación para el aprendizaje y el cambio cuando los consultantes están haciendo frente a la adversidad, a decisiones difíciles o a problemas personales, interpersonales y grupales que les ocasionan sufrimiento y daño emocional a ellos y a otras personas o grupos de su entorno habitual.

Contra lo que se pudiera pensar, la técnica del counselling, no consiste en aconsejar a la persona a la que atendemos, sino en acompañarla en la toma de sus propias decisiones. Esta técnica se basa por tanto en la aceptación de la persona a la que acompañamos, y en la aceptación, sin juzgar, de la situación en la que esta se encuentra. El counselor, debe partir siempre de la zona en la que puede aceptar al otro, y debe además hacerle llegar esa aceptación.

Si reflexionamos un poco más en torno a la forma en la que habitualmente hemos sido educados y hemos conectado con los demás, podemos tomar conciencia de una serie de formas de ayudar al otro que desde la perspectiva de la escucha activa serían desaconsejables, y que resumimos a continuación:

  • NO dirigir, mandar u ordenar (“deja de llorar”, “no te quejes”). Damos a entender que la otra persona ni cuenta.
  • NO inducir (“si te portas bien…”, “si te portas bien…”, “como no hagas esto…”). Fomentamos la dependencia y ponemos a la otra persona en una situación de inferioridad.
  • NO sermonear con afirmaciones desde una autoridad (“a los padres hay que respetarlos”, “la vida es sagrada”). Damos a entender que estamos moralmente por encima del otro.
  • NO dar lecciones (hablando desde la propia experiencia, hablando como si supiésemos más que el otro). Decimos que “tu no sabes bien” y que “yo razono mejor”, etc.
  • NO dar consejos (“deja de hacer eso que se te va el tiempo y no llegas”). Dando a entender así, que la otra persona no se entera, y que somos nosotros los que sabemos lo que le conviene.
  • NO animar y consolar (“no te preocupes si no es nada”). De alguna manera, desautorizamos el sentimiento de esa persona, e intentamos que no esté donde está en ese momento, aunque lo hagamos con la mejor de nuestras intenciones.
  • NO desaprobar y criticar (Realizando un juicio negativo). No mostramos aceptación a la persona.
  • NO estar de acuerdo (“a mi me pasa lo mismo”). Poniéndonos como referencia de lo que es aceptable o no lo es, dando el visto bueno.
  • NO insultar (“tu estas tonto”). No mostramos aceptación y mostramos que esa forma de pensar no es la correcta.
  • NO preguntar y cuestionar a través de las preguntas. Corremos el riesgo de que la otra persona sienta que con lo que ha dicho no es suficiente.
  • NO interpretar atribuyendo intenciones ocultas (“a ti lo que te pasa es…”). Se fomenta que la persona sienta que pensamos que se oculta cosas, se miente…
  • NO desviar el tema. Mostramos desinterés y que no queremos escuchar a esa persona.

La alternativa de actuación que plantearía el counselling frente a estas doce formas, sería la utilización de la escucha activa basada en el reflejo, y de la que trataremos de forma amplia en próximos post.